Lo que esconde el Cister tras sus muros
Seis siglos atrás y coincidiendo con la Edad Media el espíritu de pobreza y vida sencilla que debían llevar los religiosos, pasó a convertirse en toda una vida de riquezas y refinados monasterios. Los monjes pasaban la mayor parte del tiempo en las cortes, acumulando tierras, riquezas y sin olvidar, por supuesto, los excesos del comer y del beber.
Ante esta situación surgió un movimiento de renovación monástica que intentaría poner en práctica el espíritu de vida apostólica de la Regla de San Benito, de la cual el principal mandato es el ora et labora, es decir, el trabajo y la oración. Se basaba principalmente en mostrar un especial hincapié en el horario, intentando aprovechar al máximo la luz solar, para así conseguir un equilibrio entre el trabajo, la meditación, la oración y el sueño. Por ello, los discípulos de San Benito se encargaron de difundir esta Regla por toda Europa, convirtiéndose durante siglos, en la única ordenanza acogida por la mayoría de los monasterios fundados durante la Edad Media.
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